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¿Quién pide perdón primero?

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Esta es una serie de artículos sobre el perdón en preparación para Holy Land Dialogues 2020, cuyo tema es “Entender las Culturas, Entender a la Gente: El perdón”. 

Hay muchos modos de pedir perdón. Y hay muchos tipos de perdón. Están las disculpas formales de extraños y están las disculpas de amigos. Sí, porque no hay nada menos real que los amigos perfectos e inmaculados.

Pedir perdón es algo más que repetir fríamente seis letras que aprendimos de pequeños. 

Algo más que tapar las cosas. Algo más que suplicar olvido.

Pedir perdón es dar un paso al frente cuando lo más lógico sería esconderse bajo el ala. Porque no, no nos gusta dar la cara. Es agua que echamos a las cuerdas, cuando se secan, para que no se rompan. Porque son cuerdas que nos importan.

Pedir perdón es tender la mano y ofrecer el corazón de nuevo. Mirar a los ojos con el atractivo más grande: la humildad. La sencillez. La transparencia. Y reconquistar. Porque pocos actos son más conquistadores que un “lo siento” dicho a tiempo.

Pedir perdón no es tan siquiera reconocer el error. Es reconocer el amor. El amor que tenemos a quien se lo pedimos. Y por eso, tantas veces, si amamos, pediremos perdón sin haber cometido error, al menos aparentemente.

Al fin y al cabo, los fallos son apenas el pretexto de la división, pero el perdón es la excusa del amor, que busca imponerse.

¿Quién pide perdón primero? 

Famoso y mítico dilema.

Al final, el que pide perdón primero no es el que se equivocó, sino el que más ama.

La autora del artículo, Núria Borrás, es candidata al doctorado en derecho en Barcelona. Este artículo fue tomado en su totalidad de su blog, Lo bueno está entre líneas.

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