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“Un reto que nos hará más fuertes”

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Bassem da forma a unos troncos que se convertirán en figuritas. | I.R.

Bassem Giacaman, como Jesús, nació en Belén, aunque se trasladó a Nueva Zelanda con su familia cuando era muy pequeño. Se fueron debido a la difícil situación a la que se enfrentaba mucha gente en Tierra Santa. Buscaban una vida mejor en el extranjero. Un día, su padre le preguntó si podía volver a Belén y vender el taller y la tienda de regalos propiedad de la familia. Esas eran las intenciones de Bassem cuando viajó de Nueva Zelanda a su ciudad natal, pero todo cambió cuando llegó allí. 

Aunque por los Evangelios tenemos la idea de una pequeña aldea, Belén es ahora una localidad de 30.000 habitantes que viven principalmente del turismo. Los hoteles, restaurantes y tiendas de souvenirs son generalmente negocios familiares. El abuelo de Bassem emprendió el negocio en 1925 abriendo The Blessings Gift Shop and Olive Wood Factory, un taller en el que elaboran todo tipo de figuritas de madera, adornos navideños, cruces, rosarios y otros souvenirs.

“Cuando regresé aquí”, recuerda Bassem, “hay tanta historia…” Algo le removió profundamente después de todos esos años viviendo en el extranjero y no pudo cumplir el deseo de su padre. “Simplemente, sentí que no era lo correcto. Así que me quedé”. Está orgulloso de ser la tercera generación del negocio familiar y las fotos de su abuelo y su padre cuelgan de una de las paredes de la tienda. 

Los trabajadores elaboran las figuritas que se venderán en la tienda. | I.R.

La tienda lleva ahora cerrada nueve meses, como la mayoría de negocios en Belén, así como las tiendas en otros lugares turísticos de Tierra Santa. A dos minutos de la basílica de la Natividad y pegada a la iglesia de la Gruta de la Leche, “Blessings Gift Shop” solía estar a rebosar de turistas, peregrinos y visitantes antes del corona. “Es un verdadero problema, porque no hay ni un solo turista”, se lamenta Bassem, “y los únicos ingresos vienen de los turistas. Así que rezamos para que las cosas cambien muy pronto”. 

Como muchos otros artesanos en Tierra Santa, Bassem echa de menos su trabajo y el flujo de visitantes internacionales que llenaban las calles todos los días del año. En un día normal, hubiera estado trabajando la madera con sus manos, como siglos atrás Jesús y José un poco más al norte, en Nazaret. “Nos sentimos orgullosos como cristianos de nuestro trabajo de carpintería”, admite Bassem. En estas fechas tan especiales, sus belenes y adornos de Navidad decoran muchas casas alrededor del mundo. 

No sorprende que la temporada alta en Belén sea Navidad. “Vemos cristianos que vienen de muchos países”, dice Bassem. “Es un sentimiento maravilloso. Tenemos el árbol de Navidad, el espíritu navideño, fuegos artificiales…” Sin embargo, este año todo será distinto debido a las restricciones. El tradicional encendido del árbol de Navidad en la Plaza del Pesebre reúne normalmente a miles de personas entre locales, peregrinos y turistas. Este año tuvo lugar el 6 de diciembre y solo asistieron algunas autoridades mientras la gente lo seguía a través de internet. 

Aunque la situación no es fácil y muchas familias en todo el mundo no podrán celebrar la Navidad como solían, sigue siendo la época de la esperanza. Bassem es consciente de ello: “Rezamos todos los días y creemos que todo va a ir bien. Dios está con nosotros. Nunca renunciaremos a nuestra fe y esto es solo un reto que nos hará más fuertes”. 

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