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Yom Kippur

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Yom Kippur o día de la Expiación – celebrado el pasado día 19 – es uno de los días más sagrados del año para los judíos: es la fecha que señala el fin de diez días de arrepentimiento y ofrece la posibilidad de borrar los pecados y ser perdonados. Se celebra el día diez del mes de Tishrei. Durante este tiempo, casi más de veinticinco horas, los judíos realizan ayuno de comida y bebida, además de abstenerse de otras costumbres como llevar zapatos de cuero o utilizar loción.

Desde la mañana del día nueve las tiendas en Israel se empiezan a cerrar temprano. Unas horas antes del atardecer no hay muchas personas en las calles, ya que se encuentran comiendo y preparándose para expiar sus pecados de la mejor manera posible. Una vez comienza Yom Kippur, los judíos se visten de blanco como símbolo de purificación y se dirigen caminando hacia las sinagogas para rezar. Se nota la solemnidad de la fiesta por el silencio que domina: por las calles no circula ningún coche porque están cerradas, y ningún avión sobrevuela el país. Solo se ven en las vías principales los niños jugando con sus bicicletas y patines.

Durante este tiempo de penitencia, los judíos rezan el Salmo 27 por la mañana y por la tarde:

Salmo de David. Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?

Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?

Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,

Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.

Aunque un ejército acampe contra mí,

No temerá mi corazón;

Aunque contra mí se levante guerra,

Yo estaré confiado.

Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;

Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,

Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.

Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;

Me ocultará en lo reservado de su morada;

Sobre una roca me pondrá en alto.

Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,

Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;

Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.

Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;

Ten misericordia de mí, y respóndeme.

Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.

Tu rostro buscaré, oh Jehová;

No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo;

Mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.

Aunque mi padre y mi madre me dejaran,

Con todo, Jehová me recogerá.

Enséñame, oh Jehová, tu camino,

Y guíame por senda de rectitud

A causa de mis enemigos.

No me entregues a la voluntad de mis enemigos;

Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.

Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová

En la tierra de los vivientes.

Aguarda a Jehová;

Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;

Sí, espera a Jehová.

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