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El privilegio de vivir en la ciudad de la Sagrada Familia

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La familia Karam en la Basílica de la Anunciación, Nazaret | Cortesía

Nazaret. Un joven conoce a una chica. Tras coincidir tan solo un par de veces más, él se declara, con un fuerte convencimiento de que esa es la voluntad de Dios. Se casan dos años más tarde y se van a vivir a otro país. Allí empiezan a criar a su familia. Sin embargo, después de unos años viviendo en el extranjero, él siente una fuerte llamada: “Vuelve a casa”. Así, dejando todo, coge a su familia y vuelve a Nazaret. 

¿Te resulta familiar esta historia? 

“Veo mucha similitud entre Habib y san José”, dice Gosayna. Ella y Habib se conocieron en la Gruta de la Anunciación. Aunque los dos son de Nazaret, él vivía entonces en Estados Unidos y estaba allí para la boda de su hermana. Gosayna vivía en Australia y había viajado a su ciudad natal para visitar a su familia. Después de verse un par de veces más, una junto al Mar de Galilea, vieron que tras ese amor incipiente que nacía entre ellos estaba la mano de Dios. Cada uno volvió a su país de residencia, pero teniendo muy claro que la distancia no quebrantaría su decisión de estar juntos. 

“Vuelve a casa”

Se casaron dos años después en el mismo lugar en que se vieron por primera vez, la Basílica de la Anunciación, y se instalaron en Estados Unidos para empezar su nueva vida juntos. Cuando nació su primer hijo, “la vida estaba llena de alegría y amor”, como dice Habib, pero una mañana “nos levantamos y descubrimos que Akram nos había dejado para unirse a su Padre celestial”. El síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) se había llevado la vida de su pequeño de cinco meses. Abrazaron esta cruz confiando en los planes de Dios. 

Pasó el tiempo y tuvieron dos hijos y una hija, pero la vida de Habib y Gosayna iba a cambiar radicalmente una vez más. “Vuelve a casa”. Esta es la llamada que Habib sintió en su alma; lo que Dios les estaba pidiendo. Sin respuesta segura a sus preguntas, vendieron todo y volvieron a su ciudad natal, a Nazaret. Pocos años después tuvieron otra hija. A Gosayna le gusta definirse como “orgullosa madre de cinco: Akram vuela en el cielo; Christopher tiene un gran corazón; Matthew tiene una mente brillante; Serena, un alma llena de vida y Katrina, un espíritu libre”.  

Algo único

La vida en Tierra Santa no es fácil para los cristianos que, como minoría, se enfrentan a muchos retos. Sin embargo, Gosayna asegura que “es algo único, espiritual y especial tener el privilegio de vivir en la misma tierra por la que la Sagrada Familia caminó; la misma ciudad de la Sagrada Familia. Según van pasando los años, los detalles y frutos de por qué Dios quería que volviéramos a vivir en Nazaret se van revelando”, dice Gosayna: “Ahondar en la fe y la espiritualidad; que nuestros hijos crecieran rodeados del amor de sus abuelos, tíos, tías, primos y amigos; como matrimonio, ser instrumentos de Dios en nuestra parroquia y comunidad, sirviendo cuándo, dónde y a quién Él quiere. 

En el año de san José, viviendo muy cerca de donde él vivió hace más de veinte siglos, Habib y Gosayna se fijan en su ejemplo como “esposo, padre, hermano, maestro, obrero, vecino… Roles todos en los que fue un fiel hijo de Dios“. Es realmente un santo con el que cualquier cristiano puede identificarse. 

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