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HLD 2020, un año y una pandemia después

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Hace un año, cuando empezó a hablarse del coronavirus de China, estábamos ultimando los preparativos de la tercera edición de Holy Land Dialogues (HLD), un viaje a Tierra Santa que combina elementos espirituales, culturales y académicos. 

Desafortunadamente, nuestros participantes de Singapur tuvieron que cancelar su viaje debido a las restricciones impuestas por el gobierno a los países vecinos a China y los italianos tuvieron problemas con los vuelos de vuelta a su país al finalizar HLD. Aún así, casi nadie podía prever el alcance y las dimensiones de la pandemia que estamos viviendo desde hace un año. 

Esos días de la última semana de febrero de 2020, los lugares santos estaban abarrotados de peregrinos. En los últimos años la afluencia de turistas ha ido creciendo enormemente y se han batido récords históricos. Sin embargo, ya se veían mascarillas de vez en cuando y el tema del coronavirus empezaba a salir frecuentemente en las conversaciones. 

Edgardo y Nora en el desierto de Judea | M. Reilly

Algunos de los participantes de HLD 2020 han querido compartir, un año y una pandemia después, los recuerdos de aquel viaje a Tierra Santa. Fueron, quizá sin saberlo, de los últimos peregrinos que pisaron los lugares santos antes de que comenzara el confinamiento total a mediados de marzo de 2020. 

Edgardo Carloni y Nora O’Shea, Argentina:

En perspectiva, vemos HLD como una preparación, un entrenamiento para lo que vendría. Fue una experiencia tan oportuna, tan relevante en nuestro contexto familiar, que diría sin temor a equivocarme que fue Providencial (¡así, con mayúscula!). Las fuerzas espirituales que te infunde un viaje tan especial ayudaron mucho a saber llevar después la crisis de la pandemia con sentido cristiano, y también con perspectiva. Esos días resultaron ser un oasis, un refugio mental, un reservorio de fortaleza, de recuerdos a los que volver para reponer fuerzas durante el difícil año que nos ha tocado enfrentar.

Aquellos días recorriendo la tierra del Señor calaron hondo en nuestro corazón. Despertaron emociones e inquietudes que desencadenaron un nuevo modo de asumir nuestro compromiso con la fe, que seguimos sintiendo hoy: no se reza igual después de haber estado en la Tierra Santa.

En nuestro caso, Nazaret nos impactó profundamente. La Anunciación en concreto: el FIAT de una adolescente en esa gruta que visitamos, un espacio muy reducido en una gruta natural… Una pequeña aldea de montaña fue el escenario de tan magnífica escena. Nos impresionó mucho también el Mar de Galilea. Sabemos que los lugares santos han experimentado muchos cambios desde los tiempos de Jesús, pero allí en ese paseo en barca, mirando hacia la costa pensábamos: “¡esto sí que lo vió Él!”

Gustavo y Ana en el Mar de Galilea | Fotografía cedida por ellos

Ana Blanco y Gustavo Vargas, Costa Rica:

Aunque sabíamos de los contagios en China e Italia para los días de febrero 2020 que estuvimos en HLD, nunca dimensionamos el impacto hasta ahora. Nos sentimos bendecidos de haber logrado conocer y participar de esta maravillosa vivencia y remozamiento para nuestro crecimiento espiritual, y, sobre todo, privilegiados de haber tenido el espacio, la libertad y la calma en aquellos lugares.

Este episodio ha significado un complemento y crecimiento interior en nuestras vidas. Este año cumplimos 37 años de matrimonio y ya hace un año que nuestro hijo (el mayor de los 4 varones) se casó. El haber estado en Tierra Santa, y sobre todo la manera como estuvimos (el trato, la agenda que cubrimos, el cariño de sentirnos como en casa, el haber conocido Saxum, etc), ha sido increíble. Esos momentos nos marcaron un antes y un después.

Ahora que se avecinan los días de Cuaresma y Semana Santa, así como el año pasado, la experiencia nos ayuda a vivir más intensamente los pasajes de la vida de Jesús. También el lugar de la Natividad ahora que pasó diciembre.  Estar en Cafarnaúm nos ayudó a entender por qué Jesús decidió iniciar su predicación allí; las distancias que caminaban, el lugar de las bodas de Caná, las ruinas de la sinagoga en Cafarnaúm, el río Jordán, las historias de Juan Bautista… En realidad, ahora que leemos el Evangelio vienen a nuestra mente las imágenes de los lugares y nos trasladamos allá.

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