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“Me ha marcado personal y espiritualmente”

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Mi nombre es Alejandra Hernández. Soy guatemalteca. Inicié esta aventura en noviembre de 2019 y en ella tenía puestas muchas ilusiones. Al principio no fui capaz de reconocer la magnitud de todo lo que me esperaba.

Realicé un voluntariado en Saxum Visitor Center encargándome de acoger a los visitantes, darles el tour, atender las reservas y otras tareas administrativas. Lo que más me marcó fue  reconocer que, a pesar de muchos años de mi vida recibiendo clases de religión, no conocía nada sobre el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y la vida de Jesús. Durante un mes me preparé a través de lectura de artículos, libros, investigaciones y preguntando a mis compañeros de la oficina. De esa manera fui recopilando todo lo esencial para dar de mejor manera el tour. 

 

La fe se puede materializar de alguna manera cada vez que se visita un Lugar Santo

También me ha tocado ser partícipe de la alegría de mucha gente que ha hecho grandes sacrificios para colaborar en la campaña de recaudación de fondos del proyecto Saxum. Desde la persona que vendía cada fin de semana comida para sus amigos y vecinos, hasta una comunidad de mujeres de escasos recursos que ahorraron durante un mes, reduciendo las cantidades de su desayuno, para enviar ese dinero a Saxum. 

Toda una experiencia

Cada experiencia me ha marcado personal y espiritualmente, sobre todo porque finalmente la fe se puede materializar de alguna manera cada vez que se visita un Lugar Santo. He recorrido muchos lugares durante estos meses. Uno de los momentos más apreciados fue tener la oportunidad de estar un 24 de diciembre a medianoche en el lugar del nacimiento de Jesús. Las personas que nos encontrábamos en la gruta cantábamos, rezábamos y recordábamos lo sucedido en ese sitio tan especial de Belén.

Vivir en Tierra Santa es toda una experiencia: la comida, la mezcla de culturas, la convivencia entre las diferentes religiones… También ver las multitudes tan variadas de peregrinos que se acercan a venerar los Lugares Santos. 

A mi vivencia de Jerusalén se sumó la inaudita cuarentena por la pandemia. Las calles, restaurantes, parques e iglesias se encontraban vacíos y la ciudad estaba en silencio. Esto me permitió reflexionar sobre todo lo que estábamos viviendo y entrar nuevamente en la realidad de qué quiere Dios de mí y de todos nosotros. Sobre todo, renovar mi agradecimiento por todo lo que tengo, y por la gente que me recibió con mucho amor en Jerusalén y Saxum.

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