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Nuestro tour guiado ayuda a los visitantes a sumergirse en la historia de Tierra Santa a través de una línea de tiempo, mapas, pantallas interactivas, maquetas, recreaciones y proyecciones, permitiéndoles captar las dimensiones espacio-temporales de la tierra de Jesús.

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Descubre el significado espiritual de Nazaret a través de una reflexión sobre la Anunciación, María y los lugares donde comenzó la vida oculta de Jesús.

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Tierra Santa, ventana a la vida de Jesús (II)

Leer aquí la primera parte del testimonio de don José Antonio sobre su peregrinación por Tierra Santa

Continuaremos nuestra peregrinación por Tierra Santa armonizando geografía y fe, con recuerdos que se moverán en torno a Belén y Jerusalén. 

A unos 150 kilómetros al sur de Nazaret, encontramos Belén. De sus 300 habitantes que pudiera contar cuando nació Jesús, ha pasado hoy a unos 30.000 aproximadamente. Una gran basílica con muchos siglos -a diferencia de la moderna que vimos en Nazaret-, acoge el lugar que conmemora el Nacimiento de Jesús. Desde una amplia explanada se accede al interior por una puerta muy angosta y de apenas 1’30 metros de altura. El por qué histórico de tan curiosa pequeñez, quedará para otra ocasión. Resaltaré, en cambio, el simbolismo de su nombre; se la conoce como: “Puerta de la humildad”. Interpela al peregrino y está claro que alude a la necesidad de abajar toda soberbia, para llegar al lugar escondido y humilde donde el Hijo de Dios-Padre hecho hombre, nació por amor nuestro. 

La Gruta de la Natividad y la Puerta de la Humildad

En su interior y en un reducido espacio del subsuelo basilical, el peregrino contempla la Gruta de la Natividad. Allí, bajo un pequeño altar, se puede besar una estrella plateada de catorce puntas, que indica el lugar del nacimiento. Alrededor de la estrella, una frase en latín dice así: “Aquí, de la Virgen María, nació Jesucristo”. De nuevo, en aquel punto geográfico y sin apenas esfuerzo alguno, como sucedía en Nazaret, el Espíritu Santo suscita la fe y el amor del creyente.

peregrinación por Tierra Santa

Gruta en la Iglesia de la Natividad, Belén

Dos veces he celebrado la Misa en aquella basílica. La primera, en un altar contiguo al que acabo de referirme, en la misma Gruta. Y la segunda, en otro algo más alejado, pero dentro del mismo recinto basilical, en la gruta de la capilla de santa Catalina del Sinaí. En el mosaico del suelo junto al altar, figuran dos inscripciones latinas con referencia al nombre de Belén que, como se sabe, significa: “Casa del pan”; es lo que leemos en latín, en el lado izquierdo del mosaico: “Domus panis”. 

Y en el lado derecho: “Panis vitae”, es decir: “Pan de vida”. Otra vez, desde esta ventana geográfica se enciende la fe del creyente, avivada al leer esas palabras, que le hacen dar un salto en el tiempo, cuando Jesús en su vida pública y en otro lugar geográfico que también visitamos -la sinagoga de Cafarnaúm-, proclamará: “Yo soy el pan de vida (…) bajado del cielo” (Jn 6, 35.38). Esta conexión de territorios y verdades de fe nos llevará ahora a Jerusalén, donde Jesús hizo realidad la conversión del pan común en su Cuerpo, y del vino en su Sangre, antes de culminar su obra redentora.

Jerusalén y los últimos pasos de Jesús

En Jerusalén, como ya señalé en la primera parte, fueron tres los lugares que más me conmovieron. Jesús los santificó de modo extremo, en sus últimas horas antes de morir: primero, el Cenáculo donde instituyó la Eucaristía; está en el Monte Sión. Después, y a una media hora de camino andando desde allí, como hizo Jesús aquella noche, encontramos el huerto de Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos, donde se alza la basílica de la Agonía. En su interior, delante del altar, una enorme roca natural, rodeada de una corona de espinas de hierro forjado. Conmemora el lugar donde se supone que el Señor, al inicio mismo de su Pasión, sabemos que rezó y comenzó a sudar como gruesas gotas de sangre, según testimonia san Lucas. 

peregrinación por Tierra Santa

El Cenáculo, Monte Sión

Finalmente, en la misma ciudad vieja de Jerusalén, recorremos el camino que hizo Jesús llevando la cruz, hasta el Calvario donde murió. Es un montículo rocoso, muy cercano al sepulcro donde depositaron su cuerpo muerto. Ambos lugares se encuentran en el interior de la basílica llamada, precisamente, del Santo Sepulcro. 

Sin presunción alguna considero que, llegados a este punto, quizá el apóstol san Juan no habría tenido inconveniente en hacer especialmente suya la expresión “Tierra Santa, ventana a la vida de Jesús”, que figura en el título de estas reflexiones. Y esto, por la sencilla razón de que su fe en la resurrección de Jesús, fruto sobre todo de la gracia divina, brotó también e inseparablemente desde esta “ventana geográfica”, pegada a la tierra al ver la losa del sepulcro sin el cuerpo de Jesús, y los lienzos que lo habían envuelto. Al resucitar, estos lienzos quedaron aplanados suavemente sobre sí mismos, por así decir, al desaparecer la resistencia física del cuerpo del Señor. El modo de quedar plisados carecía de toda explicación natural, si no hubiera mediado el milagro de la resurrección, que sí arrojaba luz sobre aquella disposición de los lienzos. 

San Juan testimonia claramente aquellos momentos; escribe que, en su apresurada ida al sepulcro con Pedro, se adelantó a éste y: “… llegó antes al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro (…). Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó” (Jn 20, 4-6.8). La fe en la Resurrección brotó en una ciudad concreta: Jerusalén. En un punto preciso: el sepulcro. Ante unos lienzos silenciosos. 

peregrinación por Tierra Santa

Iglesia de Las Naciones en Getsemaní

Peregrinar a Tierra Santa: una experiencia que fortalece la fe

El paso del Señor por nuestra tierra ha dejado huellas indelebles que hoy nos siguen interpelando. San Juan cierra así su evangelio: “…otras muchas cosas hizo Jesús y que, si se escribieran una por una, (…), ni aún el mundo podría contener los libros que se tendrían que escribir” (Jn 21, 25). Ante estas palabras, ¿qué no debería decir yo finalizando estas reflexiones, que apenas si balbucean pocas ideas en torno a los cinco escenarios contemplados? En la medida de sus posibilidades, animaría a peregrinar allí a quienes no los conozcan. Como señalé al final del artículo anterior, los lugares de peregrinación no están afectados por las circunstancias que atraviesa el país, y por las que pedimos de nuevo al Señor una paz pronta y duradera.

Por todo lo escrito y ante posibles reticencias del eventual peregrino, no se me ocurre mejor estímulo que la respuesta de Felipe a su amigo Natanael, cuando le invitó a conocer a Jesús de Nazaret. Frente al dubitativo comentario de Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?, Felipe se limitó a responder con tres palabras “Ven y verás” (Jn 1, 46). Natanael le hizo caso y en su encuentro con Jesús quedó maravillado. A todo creyente le diría lo mismo: “¡Sí, vale la pena Tierra Santa!: ¡Viaja allí y verás!”.

Por don José Antonio García-Prieto, sacerdote

Lo esencial oculto a los ojos

En las pantallas interactivas del Visitor Center de Saxum se puede rastrear desde su origen hasta tiempos recientes el desarrollo material de los lugares Santos. Es un modo de mostrar la autenticidad de la tradición que los legitima. El visitante puede ver, por ejemplo, cómo quedaron el Calvario y el Santo Sepulcro, cuando en el año 130, el emperador Adriano mandó construir, sobre el terreno, previamente allanado, un templo a Venus y otro a Júpiter, para borrar la memoria de lo que allí había sucedido. Sin embargo, la construcción que pretendía ocultar el Gólgota a la veneración cristiana, contribuyó a preservarlo y mantenerlo identificado.  ¡Todos sabían que debajo de estos templos estaban los lugares de la muerte y resurrección de Jesús!

Sucesos de esta índole ayudan a comprender mejor la capacidad que todos tenemos de ver más allá de lo inmediato, de trascender lo meramente aparente, de comprender que lo esencial es invisible a los ojos, como lo expresó magistralmente el escritor francés Antoine de Saint Exupéry, por boca del Principito.

Lo esencial oculto a los ojos - Fiesta de san Josemaría

Peregrinos de Nigeria, Filipinas, Uganda, Kenia en Jerusalén

¿Acaso no es ese modo de mirar el que nos recuerda la fe? La fe entrena la mirada para ver lo esencial, lo que vale la pena preservar, lo que, en último término, da sentido a la existencia y la transforma. Quien ve lo esencial, sabe ver el árbol en la semilla y trabajar con alegría, con la certeza del fruto que está ahí, -oculto-, pero está. La esperanza, anclada en la fe, nutre la resiliencia: no niega el dolor, lo afronta de manera constructiva.

La esperanza no es una virtud desencarnada que sueña con un futuro utópico en el que las cosas irán mejor, no se sabe bien cómo ni por qué. La esperanza cristiana, al contrario, anima a esforzarse en el trabajo, bien hecho, día a día; a cultivar las relaciones interpersonales a todos los niveles, de modo positivo. En último término, la esperanza del cristiano se alimenta en la certeza de que Dios quiso entrar en nuestro tiempo; hacer suyo nuestro calendario, con sus ritmos vitales de trabajo y descanso, sus días únicos y aparentemente iguales, para introducirnos en el Suyo: la eternidad, no como invitados de excepción, sino como miembros muy queridos de la familia de Dios.

Grupo de Francia, Saxum

El Enmanuel, Dios con nosotros, anunciado por el profeta Isaías, vino para quedarse, acampó entre nosotros (Jn1,14), y se ha quedado para siempre: en la Eucaristía de forma real, sustancial, verdadera; y en la Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo. Dios escondido y siempre presente, Dulce huésped del alma, dice la secuencia de la Misa de Pentecostés. Nuestra vida se transforma cuando, como los discípulos de Emaús, caminamos con Cristo, escuchamos su Palabra y nos sentamos con Él a la mesa, dispuestos a compartir el Pan, que es Él mismo, que se nos da.

Grupo de Rumania en Saxum

A la luz de esta realidad, las palabras de san Josemaría, pronunciadas en el año 1967 en una Misa celebrada al aire libre en el campus de la Universidad de Navarra, son de perenne actualidad: Dios nos llama, -decía en esa ocasión- a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien, añadía: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir. 

El 26 de junio la iglesia celebra su fiesta. Un buen momento para conocer mejor su mensaje sobre la grandeza de la vida corriente.

Por Carmen Rodríguez Êyre

Entrevista con Card. Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén – II parte

Su Beatitud el Card.Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, comparte con nosotros su experiencia de vida en Tierra Santa.

II Parte –  Luego, se encontró con un nuevo cambio. ¿Cuál fue su próxima responsabilidad? 

Card Pizzaballa: Custodio

Fui elegido Custodio de Tierra Santa—Superior de la provincia franciscana—,así que tuve que dejar la parroquia de los católicos hebreos. Entonces, las cosas cambiaron drásticamente. Fui Custodio durante 12 años, que fueron años muy interesantes. Tenía 39 años cuando asumí el cargo, era muy joven. Tuve que aprender a ser padre sin haber tenido tiempo de sentirme hijo. Además, pasé del contexto hebreo-israelí a un contexto completamente diferente, donde tuve que lidiar con el Líbano, Siria, países árabes, sociedades árabes y demás. Pero, en realidad, fue una buena experiencia para mí.

Pierbattista Pizzaballa Latin Patriarch, Jerusalem

Pierbattista Pizzaballa Patriarca Latino, Jerusalén

Como Custodio tenemos más libertad que el Patriarca en ciertos aspectos porque estás a cargo de una comunidad religiosa, pero no directamente de los laicos. Esto te da mayor libertad que cuando eres Patriarca. Como Patriarca me siento libre, pero debo considerar elementos que al Custodio no le afectan, como las relaciones diplomáticas, el impacto de tus gestos y discursos ante la población local y frente al resto de la Iglesia.

En cuanto a la Custodia, según card Pierbattista Pizzaballa , el patrimonio cultural e histórico es muy importante e interesante, y también es un medio para conocer a otros. Cuando tienes que lidiar con la historia, todos los artefactos y especialmente los archivos son muy interesantes y pueden convertirse en un elemento de intercambio cultural. Además, cuidar de todos los lugares santos; todo lo cual genera mucho trabajo, pero es un espacio de encuentro. Para el Patriarca, los elementos de encuentro y diálogo se dan más a nivel político y social.

Y en ese momento, ¿esperaba un nuevo cambio?

Después de 12 años como Custodio, ya tenía 51 años. Había llegado con 25 años de edad. Normalmente, el Custodio sirve por 6 años, máximo 9, y 12 como es excepción. Así que era hora de partir, de dejar libres a los demás y liberarme yo mismo. Es sano irse, para no ser una molestia para el nuevo Custodio.

Fui a visitar a mis padres por dos semanas, por primera vez en muchos años; normalmente iba uno o dos días. En las montañas de Bérgamo, estaba en la casa de un sacerdote hablando con él cuando recibí una llamada de Roma, del secretario del Cardenal para las Iglesias Orientales. Me preguntó: “¿Estás en Italia? Ven mañana a reunirte con el Cardenal”. Era viernes. Le dije: “Estoy perdido en las montañas, no puedo ir”. Pero insistió: “Mañana a las 10 de la mañana, es importante”.

 Card.Pierbattista Pizzaballa in the Palm Sunday- Card.

Card. Pierbattista Pizzaballa el Domingo de Ramos, 2025

Nombrado Administrador Apóstolico.

Llegué a Roma, a la casa privada del cardenal. Lo había conocido cuando era Custodio. Empezó a hablar de San Pablo, quien decía que la gracia de Dios es suficiente. Le dije: “Cardenal, usted me conoce, yo le conozco, deje de dar rodeos”. Y él dijo: “Veo que nunca cambias, ¿eh?”. Continuó diciéndome que el Papa Francisco había tomado una decisión respecto al Patriarcado: nombrar un Administrador Apostólico con carácter episcopal, “y ese eres tú”. Ya había firmado la decisión. Quedé sorprendido otra vez, porque no lo esperaba y pensé decir: “¿Podría repetir eso?”. Pero dije: “Tengo dos observaciones: una, que no hablo árabe, soy franciscano, soy extranjero…”. Pero él respondió: “Dime algo que no sepamos ya”. Y la segunda: “Si es una decisión ya firmada por el Papa Francisco, ¿por qué me pide mi opinión?”. “Está pidiendo algo difícil, pero como es una decisión, debes ser obediente”. Luego pregunté: “¿Podrían darme tres meses? Porque han sido 12 años…”. Pero él dijo: “Para el 15 de julio debes tomar posesión de la diócesis, aunque aún no estés ordenado como obispo. La consagración puede hacerse después”.

¿Y cómo ocurrió que le nombraran cardenal?

Fue similar a lo que me indicaron el 7 de octubre de 1990. Fue una sorpresa para todos. Durante el Ángelus del Papa el domingo, anunció los nombres de los nuevos cardenales que quería crear. Por la diferencia horaria, yo estaba almorzando, y mi teléfono no paraba de sonar; pero no quería contestar, nada de teléfono los domingos. Pero pensé, ¿por qué siguen llamando? Lo primero que piensas es que ha pasado algo. Respondí y escuché: “¡Mabrouk!, ¡Mabrouk!” (¡Felicidades!). “Mabrouk, ¿por qué?”. “Eres cardenal”. “¿Es una broma?”. “No, es verdad”. Entonces fui a verificar, y era cierto.

Cambiando un poco la línea de preguntas, ¿cómo mantiene su paz interior con tantas cosas que suceden a su alrededor?

En primer lugar, en esta situación compleja, hay que definir las palabras, darles un significado. Paz interior, pero ¿qué tipo de paz? Cuando todo alrededor es problemático, la lucha externa también es una lucha interna, no puedes evitarla. Tienes el mismo conflicto.

Card. Pierbattista Pizzaballa at Emmaus Nicopolis

Card. Pierbattista Pizzaballa durante la Misa en Emaús Nicopolis

La responsabilidad de la comunidad en nuestra diócesis, como pastor, es única en cierto sentido. No somos una comunidad étnica, tenemos Jordania, Israel, Palestina y Chipre. Tenemos israelíes y palestinos. Tenemos de habla hebrea y de habla árabe. Tenemos soldados y víctimas. Y tenemos la responsabilidad por todos ellos y la de mantener la unidad en la diócesis. Al mismo tiempo, ser la voz de la comunidad y para la comunidad. Todos los conflictos deben llegar a ti. Pero no eres solo un altavoz, también debes discernir todas las voces y decirles sí o no. Y recordarles que somos cristianos, que debemos escuchar el Evangelio, la fe, a Jesús. La fe no resuelve nuestros problemas, pero es el contexto donde todas nuestras preguntas y problemas encuentran un espacio. Hay que mantenerse sereno en estas circunstancias, lo cual no es indiferencia, ni ingenuidad, ni solo tener buen corazón. Permanecer en esta lucha, no solo, sino con la fe, acompañado de la palabra de Dios.

Escuchar la voz interior

¿Cómo hacerlo? En primer lugar, la oración. Soy hijo de campesinos, y los campesinos oran. Llevas todo a la oración. Segundo, necesitas escuchar mucho a tu comunidad. Tener asesores, aunque pienses que a veces no sean de gran ayuda, es importante escuchar sus opiniones sobre qué decir y cómo decirlo. Otros no ven lo que tú ves, no sienten lo que tú sientes. Escuchar también tu voz interior, ser capaz de escuchar. La oración también te ayuda a escuchar la voz dentro de ti, a resumir, a llegar a conclusiones.

Y también estar siempre presente. No tenemos las soluciones —por supuesto, nos involucramos en el apoyo humanitario—, pero el primer deber del pastor es estar presente para todos: los que te quieren, los que no; los que están de acuerdo contigo, los que no. Deben saber que estoy ahí para ellos. Y también ser consciente de que lo estás intentando —por supuesto, al hacerlo, es inevitable cometer errores, ser comprendido o no—, pero al menos intentar hacer todo lo posible es también una fuente de serenidad; esto es lo que puedo hacer.

Por Blanca Ramirez, Saxum Visitor Center Manager

Continuará, no te lo pierdas el mes que viene…

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